Acusan, junto a su abogada, «una despreocupación», por cuanto se les ha tratado como una causa común, «cuando estamos hablando de un daño que generó el Estado…»

Adriana Rojas es abogada de cinco de las 24 víctimas en la causa de torturas en el entonces Regimiento Arica, en La Serena, entre el 11 de septiembre de 1973 y noviembre del mismo año, y que es paralela al caso Caravana de la Muerte.
Asumió este caso en 2019, y a la fecha lamenta que siga estancado, sin reparaciones para las víctimas, entre ellas Hernán Palma (81 años), para quien la justicia «no es justicia cuando se demora largamente en hacer lo que debiera haber hecho hace muchos años…».
Un caso que ha tenido varias aristas, «por la dilación que ha realizado la defensa de Juan Emilio Cheyre» y que, por eso, tuvieron que interponer una demanda civil ante los tribunales civiles. Una sentencia que concedió reparación a las víctimas y que fue apelada por el Fisco de Chile, pero que se encuentra desde abril pasado a la espera de ser vista en la Corte de Apelaciones.
«Es una situación que vemos con preocupación, por cuanto es una causa que tiene una tremenda relevancia, ya que es la reparación específica para las víctimas de tortura de la dictadura. Es más. Ha fallecido una de las víctimas sin tener ni justicia ni reparación y hay varias víctimas enfermas y a la espera de tomar incluso procesos, esperando estas reparaciones, y justamente por una ralentización de la Corte de Apelaciones es que esto no se ha podido hacer».
En cuanto a la reparación, lo único que puede hacer el Estado de Chile y a través de una demanda civil,«es reparar monetariamente, y que precisamente se obtiene por medio de demandas civiles que se inician en contra del Estado», añade.
La querella es contra aquellos que resulten responsables y se encuentra en etapa de dictar sentencia por el ministro Troncoso; los acusados son Juan Emilio Cheyre, Mario Larenas y Jaime Ojeda Torren, prófugo de la justicia hace un año, que como cómplice fue sentenciado a 10 años y un día por 15 homicidios de la Caravana de la Muerte en La Serena. La sentencia se dictó el 28 de diciembre de 2024.
«Creemos que existe una despreocupación del Poder Judicial en cuanto a la prioridad que tienen este tipo de causas, pues se le trata como si fuese una común por tener una arista civil, cuando estamos hablando de un daño que generó el Estado. Creo que debiese existir una prioridad y las víctimas no esperar tantos meses para que la causa se vea en la Corte».
«Creemos que existe una despreocupación del Poder Judicial en cuanto a la prioridad que tiene este tipo de causas, pues se le trata como si fuese una común por tener una arista civil, cuando estamos hablando de reparaciones para las víctimas, entre ellas Hernán Palma (81 años), para quien la justicia «no es justicia cuando se demora largamente en hacer lo que debiera haber hecho hace muchos años…».
Contradicción vital

Palma estuvo detenido dos veces en el regimiento y, como tantos otros, recuerda esas jornadas aún con nitidez y detalle. Por eso, que luego de 51 años sigan esperando justicia y reparación, es una doble pena, especialmente para las familias de quienes han fallecido.
«Estamos hablando de una situación que aconteció hace exactamente 51 años, y producto de eso, la reparación para mí es reparación cuando es cercana al momento en que acontecieron los hechos de vulneración de nuestros derechos, luego de ser tomados prisioneros e interrogados de forma bárbara; al ser torturados por mucho tiempo y en términos no solamente físicos, sino que también psicológicos».
Lamenta que en todo este tiempo «han ido falleciendo compañeros que sufrieron lo mismo que yo y que nunca fueron de alguna forma indemnizados por el perjuicio que les ocasionaron…».
Con firmeza dice que «es inconcebible» que con respecto a quienes «sufrimos la barbarie, las torturas, el trato vil y el trato inhumano, no tengamos una respuesta». Y, sin embargo, quienes cometieron esos hechos deleznables y delitos criminales, no les pasa nada. Es una contradicción vital para mi modo de ver que ellos tengan derecho y quienes sufrimos de los actos por ellos cometidos todavía no tengamos reparación».
Palma fue torturado en dos oportunidades, «colgado desde las muñecas, y en el fondo éramos un punching ball humano, porque nos pegaban varios cobardes militares, porque no son valientes, sino cobardes. A mí me pasaron el corvo por todo el pecho y con el correr del tiempo tuve un solo moretón, por decirlo de alguna manera, que cubría todo mi pecho y parte de la espalda, además de rasmilladuras en las piernas, ya que con los bototos nos pegaban…».
FUENTE: DIARIOLAREGION.CL