Yo siempre me niego a relatar mi caso, porque en la cárcel por tres años viví con mujeres que igual que yo, fueron torturadas y violadas en el regimiento.
Yo estuve tres años en esta cárcel, sometida a los más horrendos vejámenes y tormentos sólo por tener monedas y banderines de países extranjeros, porque yo nunca reconocí militancia, nunca les dije yo soy socialista, yo soy dirigente, yo soy aquí, soy allá, no, nunca, jamás.
El tres de octubre de 1973 llegó una patrulla militar, como que iban a detener, no sé, a una persona que tenía armas, allanó mi casa y la destruyó, todos los enseres que a uno le cuesta tanto adquirir.Cheyre,Juan Emilio Cheyre fue a mi casa, la allanó y destruyó todo; quemó mis libros, tenía yo una pequeña biblioteca porque yo había tenido una librería, entonces de los libros de buenos autores yo me dejaba un ejemplar y fui formando una biblioteca. Hacían hoyos buscando las armas que obviamente nunca encontraron.
Entonces, cuando fue allanada, ellas estaban pequeñísimas, Natacha tenía un año y Yelena tenía tres, siete, nueve y once mis otros hijos; y ese hombre entró con una fuerza, botó la puerta, descerrajó la puerta a punta pie y entró con toda su gente, con Polanco y Ojeda y yo estaba sentada, mi mamá que se quedaba cuidando a los niños en la tarde porque yo trabajaba en Coquimbo en Desarrollo Social; entonces él fue me tomó del pelo, me paró de la silla del pelo y Cheyre me mostró a Polanco y Ojeda y dijo: miren aquí está la puta de la UP, esta es la maraca, mírenla, véanla. Y yo decía: pero si este hombre no me conoce, ni yo lo conozco a él, y me golpeó delante de mis hijos que corrían aterrorizados a refugiarse en los brazos de su abuela.
Y me sacaron esposada, con las manos en la espalda y con la vista vendada, me llevaron al regimiento, en el regimiento fui torturada, violada, estuve un mes incomunicada en el regimiento, en un calabozo donde castigaban a los miliquitos; nunca recibí alimento hasta que un día, una tarde, una noche, uno de ellos, un militar, un milico que hacía guardia, abrió así un mirador que había y me tiró un pedazo de pan y me dijo: Señora coma porque si no se va a morir.Yo bebía el agua que quedaba en los rincones de la celda, con la que limpiaban, todos los días baldeaban la celda, todos los días me tiraban agua, me mojaban, no sé si pensaban que iba a morir, entonces yo gateando trataba de ubicarme en la oscuridad, tocando así, trataba de venir y ponerme aquí en el medio, porque ahí había como un lomo toro y ahí me acurrucaba y me quedaba. Trataba de limpiarme, de lavarme la mugre que los milicos habían colocado en mi cuerpo, pero no podía limpiar mi alma, ni tampoco he podido limpiar mi mente.
Cuando me trajeron aquí a la cárcel, a este Buen Pastor, que para mí fue un paraíso, en un primer instante porque tenía cama, el calabozo que yo estaba en el regimiento no tenía cama.
La madre Eufrasia dijo: pero ¿cómo? ¿qué le hicieron? ¿por qué viene así usted? Yo no podía hablar,no podía hablar. La madre Eufrasia me decía, pero hija olvide, para que yo pudiera olvidar esa tortura tendrían que hacerme un trasplante de cerebro, ponerme otro cerebro. Muchas personas dicen, los sacerdotes dicen perdonen, aprendan a perdonar, pero ¿cómo se aprende a perdonar? Cómo puedo decir sí yo los perdono, no tengo odio contra ustedes; yo los he visto pasar por mi lado a toda esta gente que me hizo tanto daño, libre, nadie los ha acusado de nada y si los acusaron alguna vez, consideraron que no tenía importancia haberle hecho eso a las mujeres; porque yo estoy hablando, que las compañeras me perdonen, todas, todas fueron vejadas, todas, nadie escapó a la burla, a la maldad de ellos, a su odio, porque ellos nos odiaban y nos deben continuar odiando porque estamos vivas.
LA VISITA
Mi celda era del fondo, acá tenía la cama yo y dormía con Natacha y una camita chica para la Yelena.
Venir a revivir hoy lo más triste y horrible de nuestras vidas. Porque los militares la hicieron horrible, ellos destruyeron, no solo mi vida, sino la de todas las compañeras que estuvieron aquí. Y el jefe de todo eso fue Emilio Cheyre.
En el caso de todas las compañeras, él fue el que iba allanar las casas, él era el que traía las prisioneras, fue a Illapel, fue a Salamanca, fue a Combarbalá y se trajo a las regidoras de los diversos partidos de la Unidad Popular. El, porque después cuando conversábamos con las compañeras, porque las traían, las llevaban al regimiento y no podían ponerse en contacto con nadie, cuando ellas lograban recuperar lo que nosotros decíamos libertad, así entre comillas, entonces ellas decían que un militar de tales y tales facciones, como era le decía yo, como era para que no nos olvidemos, como era, era él, entonces lo describían; entonces todas, todas las prisioneras políticas fueron traídas por él, Polanco, Ojeda y los otros eran militares sin ningún rango.
Ahí me encontré en la cárcel con mujeres que se creían víctimas, tan víctimas como yo y otras que nunca entendieron lo que significaba ser una presa, porque se creían un poco superiores a nosotras que habíamos sufrido todas estas bajezas.
Aquí estuvieron cinco niñas de la universidad, no tengo idea si eran dirigentes o eran solo militantes de los partidos de la Unidad Popular, pero aquí estuvieron durante quince días encerradas; entonces nosotras con la Capitancito Rulo, a través de ella, le mandábamos algunas cosas que nosotras teníamos, porque nadie podía abrir la puerta excepto los militares. Cuando las vinieron a buscar aún seguían incomunicadas totalmente, cuatro se fueron e Isabel Contador quedó, ella fue terriblemente torturada. Mire, Isabel sufrió lo mismo que sufrimos nosotras, pero ella no tenía por qué sufrirlo, no era ningún pecado ser dirigente de las universitarias, sin embargo, ella fue llevada al regimiento, no para interrogarla, sino que, para violarla, después se burlaban de ella, se reían, ellos le quitaban la ropa, porque ella nunca acepto quitarse la ropa. Y ella nunca, nunca, se pudo mejorar de esa etapa de su vida y termino ahorcándose, estuvo en Estados Unidos allá se casó con una persona de origen libanés y se divorció, porque ningún tratamiento pudo sacarle todo lo que ella había vivido.
Aquí estuvieron unas compañeras de Punitaqui, estuvieron ocho meses, eran campesinas. Y aquí estuvo la compañera que era dirigente campesina y que vio como mataban, como asesinaban a los Lejderman, era alta, delgada y vestía siempre oscuro, era totalmente campesina, no sabía leer ni escribir, pero sin embargo la habían elegido dirigente.
Yo escribí una carta cuando supe que Juan Emilio Cheyre iba a ser nombrado por Ricardo Lagos Comandante en Jefe del Ejército, un camarada socialista había viajado a Santiago a conversar con él, con Ricardo Lagos, para decirle que no podía nombrar a Cheyre, porque Cheyre era un torturador, un violador, un allanador de los sitios de trabajo, de las industrias del Barrio Industrial; que ese hombre con esas características no podía ser Comandante en Jefe del Ejército, que le contestó Ricardo Lagos: “Juan Emilio Cheyre es mi amigo, lo conocí en Madrid, España, y nadie me puede hacer cambiar de opinión.
Yo escribí una carta al diario el Siglo y a la revista Punto Final con mi experiencia, todo lo que había sufrido en manos de este individuo; meses después recibí una carta de la Presidencia de la República, vino el señor Lagos ¿y qué hizo? me castigó, me quitó la mitad de mi pensión de exonerada y nunca nadie me la ha devuelto, ningún presidente me ha hecho justicia. Pero he sobrevivido a la concertación como sobreviví a la dictadura.
En la carta que me envió decía que, el país estaba en crisis, en una crisis económica terrible y que yo tenía que cooperar con la mitad de mi jubilación para salvar al país.Yo iba a salvar al país, una pobre mujer, que no podía trabajar, no por qué no pudiera o fuera floja, no, porque mis certificados de antecedentes decían: Mujer peligrosa para la seguridad nacional. Yo jamás he puesto una bomba. No es que me he este haciendo aquí la santa, nada, sencillamente soy una mujer, un ser humano, jamás hice nada de esas cosas, por lo que se me acusa, se me cortaron las manos al entregarme ese certificado, ¿dónde lo iba a mostrar?, ¿dónde iba a conseguir trabajo?
La dictadura nos dejó a los sobrevivientes solo dolor, enfermedades físicas, psíquicas y el nunca más poder ser feliz, nunca más; tener desconfianza de las personas, es algo terrible, horroroso, no poder confiar en nadie.
Y cuando recobré la libertad, yo viví mi propio exilio en Chile, las personas que me veían cruzaban la calle, otros entraban a las tiendas, otros se ponían a amarrarse los zapatos, entonces me di cuenta que yo estaba en un país extranjero, que este no era mi país, entonces todas esas personas empezaron a ser desconocidas, porque yo creo que si yo hubiera tenido la peste negra o cualquier otra cosa, esas personas se hubieran acercado a mí, habrían tenido lástima de mí, pero yo viví un exilio en Chile, sola, sin «nadie, todas las personas que yo pensaba, no para obtener algo de comer, no, solo una palabra, porque a veces hace falta que le digan a uno: ¡me alegro de verte! ¡Estás tan bien! Esas cosas tan simples, que uno repite todos los días, a mí me fueron negadas. Así que la dictadura me hizo mucho daño, mucho daño.
Que puedo decirles compañeros, la dictadura no fue como muchos piensan, un pasaje triste de la historia, no, fue una dictadura de exterminio, ellos lo único que me dijeron cuando me llevaban al regimiento: ustedes son un cáncer, han corroído al país y por lo tanto tienen que morir todos. Cuando ese día un militar de guardia golpeó la puerta de mi celda y me dijo: señora hoy día los van a matar a todos. Yo encontré que la muerte era bienvenida, porqué ya no podía soportar más los vejámenes a las que era sometida, a burlas, porque ellos se burlaban de uno.
Yo les digo a ustedes que, si no hemos sido capaces de llevarlos a esta gente donde deben estar, a la cárcel, hemos sido unos incapaces y me nombro entre ellos, porque yo no he hecho nada más para aclarar esta cosa, excepto esas dos cartas que envíe a los diarios.
Gracias a los que hicieron posible que recuperáramos este sitio, que no fue ningún hotel como algunos pensaban y algunas compañeras también, no, fue un sitio de reclusión donde había horarios horribles y desde donde éramos sacadas para ser llevadas al regimiento para las torturas e interrogatorios.
FUENTE: LIBRO BUEN PASTOR LA SERENA »