
Hola, mi nombre es Pedro Ceriche Carvajal, profesor y dirigente sindical, hijo de dos presos políticos, uno de ellos Rubén Ceriche. Preso en la cárcel de la Serena.
Personalmente, no me cuesta dar este testimonio de quien ya no está con nosotros, mi padre Rubén Ceriche, porque más importante que el dolor y pena de recordar el deshumanizado actuar del régimen, más importante es conservar la memoria colectiva, sobre todo como legado para los más jóvenes.
Yo tenía a octubre del 73 1 año y 3 meses de vida y vivía con mi madre en Vallenar, ciudad natal de mi padre, él era estudiante de pedagogía en historia de tercer año en la universidad de Chile sede La Serena. Rubén conoció a mi mamá gracias a la oportunidad que dio Salvador Allende a estudiantes universitarios de pedagogía de hacer clases a nuestros niños en un esfuerzo gigante de expandir la cobertura educacional a los más humildes. En ese contexto nací yo, hijo de Rubén Ceriche, un estudiante humilde con muchas falencias económicas, huérfano de padre desde muy niño y con una mamá empleada doméstica y con 8 hermanos más a cuesta, es en ese contexto que abraza las ideas de izquierda, pero por sobre todo abraza la idea de luchar por un mundo mejor sin explotación y sin abusos.
Escuchaba mucho a Víctor Jara, uno de sus cantantes preferidos. Simpatizaba con el MIR; era en la época lo más cercano a su espíritu.
En octubre del 73, siendo el estudiante de pedagogía en historia, él cae detenido junto a su hermano Guillermo y, junto a sus compañeros de ideas, su segunda familia. Él hablaba del hombre nuevo, de esos hombres que antes debían y tenían el deber de hacer la revolución por casa, antes que todo; así lo recordamos: un papá lavando platos o ropa y ayudando siempre a su compañera e hijos.
Él estuvo preso hasta las cercanías del 1975. Meses antes, el dictador, acosado por la presión internacional, había sacado una ley de indulto que les dejaba libre.
Lo que yo relato en tan breve lapso no describe lo que allí sucedió: el dolor de ver partir a los que ya no están, o el dolor de no saber si el próximo sería su hermano Guillermo Ceriche, quien, por cosas del destino, estuvo ese día donde, a lo mejor, no debía, ya que ese día solo compartió circunstancialmente el espacio y también fue detenido, o el dolor constante de haber sido prisionero de uno de los regímenes más brutales que se conozcan. Mi padre sabía a lo que iba; él sabía como estudiante de historia que esta se repite de dos maneras, una como tragedia y la otra siempre como farsa.
Aun así, cuando salió libre, no quiso emigrar al extranjero; prefirió ir a buscar al niño que dejó bebé y a su joven compañera de 17 años, con quien después tendría 2 hijos más, Victor y Vladimir. Todos estarían juntos hasta el día de su muerte.
Fue en ese contexto cuando sus compañeros a propósito de la foto del compañero Ricchiuti, que ya en el exilio le mandan una pequeña pero muy agradecida remeza en dinero a Ruben, con ello compraba viveres para subsistir, ya que constantemente al estar en listas negras del régimen era sacado violentamente de los trabajos que podía encontrar, en ese contexto los servicios de seguridad detectan esta situación y es así como Rubén es sacado de la constructora donde recién había encontrado trabajo y es detenido por carabineros de Chile, donde es torturado por dos semanas, junto a mi madre, con el único propósito de que les firmaran una declaración donde dijeran que esos dineros eran para adquirir armas, el no firmo, mi madre tampoco, después de dos semanas Habiéndole reventado sus oídos por la aplicación dela tortura llamada el teléfono y de otra cosas que prefiero no acordarme, lo llevan esta vez al regimiento de Copiapó, donde después de un tiempo infinito para ellos mi madre firma su tan ansiada declaración, por cosas del destino, los liberan y juntos como familia emigramos al norte, a Iquique, donde hasta el año 78 pierde el contacto con el último enlace de sus compañeros de lucha, lo demás es sobrevivir y vivir, hasta su fecha de muerte el año 2007, vivió como obrero y murió como obrero junto a su querida clase obrera, siendo un tipo muy brillante y asiduo lector nunca perdió su conciencia de clases.
Actualmente tengo 52 años y sí me preguntan. Si yo hubiese deseado que las cosas hubiesen sido distintas, con un Rubén académico y lejos de la política y la lucha con un pasar tranquilo junto a su familia, mi respuesta es un NO rotundo, no cambiaría ni un segundo de la historia, no sería el Rubén al cual admiro y por el cual me entregue también por entero a la causa, hoy llevo 12 años de dirigente sin partidos pero con las mismas ideas que abrazo mi viejo porque quien diga que las condiciones han cambiado, se equivocan rotundamente, es así como recuerdo a mi viejo y así lo quiero pobre y luchador y con las ideas claras, gracias por dejarme desahogar, gracias por dejarme recordar que tuve a un revolucionario de papá, ojalá algún día pueda abrazar y conocer a esos compañeros de lucha de mi padre, gracias.