Germán «Cogotito» Cuello

Pablo Miranda, Daniel Campos, Galo Fontana, Herman Tapia y Germán Cuello

Me desempeñaba como Asistente Social en el Bienestar Estudiantil de la Universidad del Norte en Coquimbo, lugar donde Germán Cuello era estudiante de Pedagogía, yo sabía que militaba en el partido, pero en instancias diferentes. Luego del golpe militar no volví a verlo por un buen tiempo. Nos volvimos a encontrar en la Penitenciaría de La Serena, donde yo estaba detenido y él había llegado tiempo después de mí; era el de menor edad del colectivo y fue necesario pedir a gendarmería que lo mantuviera con todos los presos políticos sin llevarlo a la sección de menores.

En las condiciones de privación de libertad se crean vínculos de amistad entre los compañeros, las que ayudan a sobrellevar la vida cotidiana. En términos carcelarios, se organizan “carretas” por diferentes formas de afinidad. Fuimos parte de una “carreta” en la que estaban Galo Fontana (comunista), Herman Tapia (socialista), Germán Cuello (mirista) y yo (mirista). Nos organizábamos para compartir en las horas de desencierro en el patio destinado a los presos políticos. Contábamos con un espacio físico donde Herman Tapia tenía su taller artesanal en piedra combarbalita, los demás intentábamos hacer distinto tipos de trabajos artesanales, especialmente en cuero y madera. Herman facilitaba un anafre en el cual preparábamos el almuerzo para los integrantes de la carreta, para lo cual nos turnábamos tanto en la preparación de los alimentos, como en lavar todos los utensilios. A Germán no le gustaba cocinar, por lo que cambiaba su turno de cocina por el de lavado de ollas y platos.

En el colectivo N°5 todas las noches se hacía un show animado por Johnny Smith (compañero animador de TV U. de Chile y locutor de Radio Minería de Santiago), en el cual todos participábamos para mejorar el ánimo. Con los compañeros Germán Cuello y Galo Fontana nos encargábamos de hacer números cómicos para entretener a los compañeros. Otros compañeros cantaban, estaba entre ellos se destacaba el compañero Villalón de Illapel y el compañero Campillay. Un compañero campesino cantaba tangos con una gran voz.

Germán se lucía por sus cualidades de actor cómico, especialmente haciendo el papel de “borrachito” cantando “el orangután y la orangutana”. Se ganó el cariño de los compañeros del colectivo. A pesar de que parecía ser un poco retraído, siempre tenía una sonrisa y palabras de aliento para todos, los compañeros le dieron el apelativo de “Cogotito Cuello”.

Luego de salir en libertad, nos volvemos a encontrar en Santiago. Llegó a vivir a mi casa, cumpliendo tareas partidarias que mantuvimos compartimentadas. Construimos una leyenda y se integró plenamente a la vida familiar, como un miembro más. A veces viajaba por algunos días y avisaba cuando debería regresar para estar alertas si se ausentaba más de lo que decía por posibles golpes represivos.

Germán tenía la cualidad de ser querendón con los niños, regaloneando a mi hijo que tenía dos años en ese tiempo. A fines del año 1977 viajó diciendo que estaría de regreso después del año nuevo. Pasaban los días y no teníamos noticias, situación que nos tenía con una gran inquietud, hasta que nos confirmaron que era uno de los compañeros que habían dinamitado en Coquimbo.

Fue difícil asimilar su pérdida, ya que, además de la partida del compañero, para mi significaba que ya no estaría más con quién era como mi hermano menor que no tuve.

Germán se ha quedado en nosotros.

Pablo Miranda Cortés.