
Casi 53 años después de su asesinato, los restos de José Araya González y Víctor Escobar Astudillo finalmente descansan en su tierra natal. Durante décadas, los graves errores en el proceso de identificación de sus cuerpos no hicieron más que prolongar la agonía de sus familias, sumando incertidumbre a una herida que ya era profunda.
En el cementerio de Salamanca, el equipo distrital acompañó a familiares, amigos y compañeros para darles ese adiós que les fue negado por más de medio siglo. No fue solo un acto de sepultura, sino un gesto de justicia, afecto y reparación histórica.
El 16 de octubre de 1973, José y Víctor fueron fusilados en el Regimiento Arica tras el paso de la «Caravana de la Muerte» por La Serena, en una matanza que le quitó la vida a 15 prisioneros políticos. Tuvo que pasar toda una vida y una larga lucha judicial para que la Corte Suprema condenara a los exmilitares responsables de estos homicidios, entre los cuales está el ex Comandante en Jefe del Ejército de Chile, Juan Emilio Cheyre Espinosa, quien, a pesar de haber negado su participación en la masacre, fue condenado ante el peso de las evidencias.
Al despedirlos rodeados del afecto de su pueblo, abrazamos el dolor de sus familias y reivindicamos su legado. Su recuerdo no es solo pasado, sino un compromiso vivo con la memoria colectiva de Chile. Mantener su historia presente es nuestra garantía para que las sombrías atrocidades de la dictadura no vuelvan a ocurrir y para que las futuras generaciones defiendan siempre la vida y la democracia.
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