Marcos Barrantes

Hijo de Marcos Barrantes Alcayaga, 26 años. Tenía 8 meses cuando su padre fue ejecutado en La Serena. Sus restos fueron identificados en diciembre de 1998.

A los cinco años, una vecina me contó que mi padre fue fusilado. Mi madre siempre me escondió la verdad. Cuando inició una nueva relación de pareja y nació mi hermanastro, sufrí una crisis infantil y me fui a vivir a casa de mi abuela paterna.

Después viví la adolescencia en casa de una tía que era partidaria de Pinochet. Intentaba convencerme de que era un buen presidente. Yo me preguntaba, ¿por qué entonces mi padre había sido ejecutado?
Sólo cuando ingresé en la universidad salí del aislamiento en el que vivía. Empecé a indagar en la figura de mi padre. Todo el mundo hablaba de él con cariño y yo buscaba sus defectos.

Con la llegada de la democracia se hizo un entierro simbólico. Fui por primera vez a La Serena, a pesar de que vivía a una hora de camino. Por fin asumí su muerte. Hablé con su mejor amigo, quien me aclaró todas mis dudas sobre cómo era en realidad mi padre. En diciembre de 1998 se consiguió identificar los restos de las 15 personas fusiladas en La Serena. No se pudo encontrar su cuerpo completo. Nos enteramos de cómo murieron: los colocaron tumbados en el suelo boca abajo y abrieron fuego contra sus cabezas y tórax.

Mi tía pinochetista se sintió culpable. Siempre pensó que su muerte había sido justificada. Y ahora comprendía lo que había pasado. Después de 25 años, la familia volvía a juntarse alrededor de los restos de mi padre y se ponía punto final a la discordia. Su figura fue reivindicada en un acto público, en una misa y un entierro multitudinarios.

Es esencial que Pinochet sea juzgado para evitar que hechos parecidos se produzcan en el futuro. No siento odio. El odio carcome, pudre el alma. Pedí permiso al forense para guardar un poco de cabello de mi padre.

FUENTE: LA CARAVANA DE LA MUERTE.  LAS VÍCTIMAS DE PINOCHET – GERVASIO SÁNCHEZ »
PUBLICADO: 18-12-2011