Panorama y problemas de didáctica general

19 C.- CONCEPCIÓN ARISTOCRÁTICA DE LA VIDA Desde los primeros instantes de nuestra vida ya vislumbramos conscientemente la existencia de las relaciones humanas, podemos observar que vivimos sometidos a superposiciones jerárquicas. Sí, los hijos están subordinados a los padres; más tarde, como alumnos, está la jerarquía del profesor; en la vida del trabajo se encontrará la jerarquía del patrón, del jefe, del gerente, del empresario, del gene- ral, etc. Es decir, la vida del hombre es una disciplina jerarquizada, en la que hay exigencias, obligaciones, deberes, leyes, reglamentos, normas consuetudinarias, etc. En otras palabras, la vida del hombre está regulada por principios que cubren todos los aspectos de la existencia. Pues bien, de acuerdo con esas premisas anteriores hay que capacitar al hombre para que se ajuste a esas superposiciones jerárquicas, en el entendido de que quien logra mejor esos ajustes, es el ”caba­ llero”, noción difícil de precisar tanto en su connotación como en su denotación. En todo caso, el ideal de hombre caballero es el que se caracteriza por sus virtudes sociales: socia- bilidad distinguida, elegancia, trato afable y fino, delicadeza, gracia o ”sprit”. Consecuencialmente la educación estará destinada a la formación del caballero, lo que supone una elaboración y depuración de la materia prima en el individuo. De piedra bruta o tosca, dominada por el espíritu de los instintos primarios, tendrá que devenir una piedra, pulimentada, con destreza y habilidad en el arte de ”savoir vivre” La educación debe ayudar a conformar un sujeto cuya presencia habitual esté ceñida por la elegan- cia, la distinción, el refinamiento Es innegable que tal concepción es también unilateral, por cuanto la urbanidad y los modales cons- tituyen sólo un aspecto exterior de la cultura. Tal posición es comprensible en una mentalidad de salones de la época del Rey Sol, en donde la aristocracia de la riqueza es superior al peso de una verdadera educación D.- CONCEPCIÓN ETICISTA DE LA VIDA Esta concepción parte de la aceptación de la convicción de la dualidad de la naturaleza humana: cuerpo y alma. Esto representa la existencia en el hombre de impulsos egoístas e instintos zoológicos, por un lado, y de tendencias altruistas e inclinaciones superiores por otro lado Hay pues en el hombre un orden natural y un orden humano. Este último es propio y único del hombre, de aquí que se afirme la existencia de una vida moral, superior, enmarcada por las ideas de ”deber”, ”virtud”, ”bien”. Esta vida moral supone la aceptación de normas de carácter general, orientadas por el imperativo kantiano de no hacer con los demás lo que no quisiéramos que hicieran con nosotros. Esta vida moral señala la ruta de la virtud, lo que implica una conquista de la voluntad por sobre la naturaleza. Lo básico es, así, la personalidad moral. La imagen de hombre que surge de tal concepción es la del sujeto justo, ”el hombre virtuoso”, regido por los valores éticos. La educación, por consiguiente, viene a ser el proceso de formación del hombre virtuoso para una vida superior. Es indudable que toda educación, debe contribuir a formar y desarrollar, así como forjar y cultivar un comportamiento moral. Pero, ¿qué moral? ¿qué virtud? E.- CONCEPCIÓN HUMANISTA DE LA VIDA El hombre, como tal, puede ser muchas cosas: artífice, técnico, investigador, maestro, patrón, asalariado; en fin, muchos roles especializados pueden cumplir. Pero, por encima de todos ellos, tiene

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI2NTE=