Panorama y problemas de didáctica general
151 FRAGMENTOS LITERARIOS GRABADOS TIBOR MENDE (“Antología para el Sesquicentenario”. -J. Echeverría N.). CHILE. “Después de la creación del mundo” dice la Biblia, “y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho”. Pero, lo que la Biblia no dice es que el mo- mento preciso en que Dios se disponía a tomar un merecido descanso, un arcángel muy alterado, vino a avisarle que algo imprevisto ocurría en la creación: había quedado pequeñas cantidades de todos los elementos empleados en la formación del mundo. ¿Qué hacer con todo esto? ¿Qué hacer con toda esa arena y esos hielos? ¿Qué hacer con los vol- canes, los metales, los árboles, los ríos, el calor y el frío, los jardines y los desiertos, los trópicos y los témpanos, los fiordos y los valles? El Todopoderoso, justamente contrariado por semejante error de cálculos de parte de sus subordinados, y resuelto a no dejar turbar su reposo, ordenó al mensajero que lo arrojara todo, en un solo montón, a cualquier parte del extremo del mundo que acababa de crear. El arcángel deliberó con sus colegas de las falanges celestiales: en apresurado vuelo inspec- cionaron el mundo. Después de un rápido cambio de ideas, decidieron que los Andes, que formaba una barrera a lo largo del continente suramericano, parecían corresponder, en cierta forma, al sitio designado por el Señor. Tomaron entonces todo lo que quedaba y lo dejaron caer detrás de la enorme cadena de montañas. Fue así como entre la Cordillera de Los Andes y lo infinito del Océano Pacífico, surgió una estrecha faja de tierra que contenía todos los elementos que habían servido para hacer el resto del mundo; y Dios dejó a sus creaturas favoritas el cuidado de reunirlos en un todo, capaz de formar un país y una nación. Volando sobre las cumbres de Los Andes, e inspirado por lo que tienen de sublime, así me imaginé la creación de Chile. Así es como Tibor Mende ha imaginado poéticamente las razones de la diversidad de nuestra loca Geografía. – FERNANDO SANTIVAN, autor chileno, distinguido por el Premio Nacional de Literatura en su obra “Los Ríos y las Montañas de Chile”, se refiere al feraz paisaje sureño, en esta forma: “En el centro del marco esmeraldino de bosques y campos de cultivo de eterno verdor, al pie de volcanes majestuosos que elevan sus conos encaperuzados de nieve, extienden su espejo los grandes lagos de la región Sur. Nada comparable con estos lagos. Los han comparado con los suizos, pero debemos decir que los similares europeos que conocemos no poseen la grandeza salvaje de los nuestros.” Otro poeta chileno, Teófilo Cid, EN LA CANCIÓN INCLUIDA EN SU OBRA “Camino de Ñielol” se refiere a la bella región de los lagos, y escribe: Siguiendo la ruta de las montañas cruzase el Villarrica, el Calafquén, el Riñihue y el Rupanco, hasta el vértice del Ranco. En esos espejos se miró mi adolescencia Entre galas de humedad y olor a boldo, En remotas montañas de tumescencia. Al sur, en un anillo de follaje, el Llanquihue y el Esmeralda joya encontrada por Pérez Rosales, en cuyo reflejo peinan sus creencias las hijas de los alemanes.
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